Cuando la Gillette corta la masculinidad tóxica

Sí, sé que este comercial tiene algunos meses de antigüedad, pero necesitaba escribir esto en algún momento.

Hace algunos meses, Gillette, esa reconocida marca de hojillas de afeitar, lanzó un comercial que hizo cuestionarnos a muchos nuestro concepto de masculinidad (que no es lo mismo que cuestionar la masculinidad en sí, obvio). La verdad, estaba lleno de opiniones divididas: unos lo encontramos un acierto; y otros, bueno, se ponen a lloriquear. Y la verdad, logró su objetivo: hacernos pensar sobre el rol del hombre en la sociedad, que la masculinidad tóxica es una realidad. ¿No me creen? Elaboremos.

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Recomiendo activar los subtítulos para entender el mensaje.
El comercial de la discordia.
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Como podrán darse cuenta, el comercial muestra que los hombres podemos sacar lo mejor de nosotros, y revela cómo el machismo (y la masculinidad tóxica, obviamente) no sólo las afecta a ellas, sino también a nosotros mismos. No nos perjudica, al contrario, nos favorece. Y esperaba una buena acogida (y la tuvo).

Mira esos dislikes, papu.

¿Y qué nos encontramos?, bueno… Lloriqueo, lloriqueo, y más lloriqueo, al punto de querer convocar a un boicot, hasta hacerlo viral con un hashtag. Para qué hablar de los dislikes que tuvo el comercial, así como todo el hate al punto que tuvieron que cerrar los comentarios (aunque los volvieron a abrir después).

Personalmente, no veo qué tenga de ofensivo un comercial que nos favorece y nos dice que podemos ser mejores personas. Pero al menos podemos decir que Gillette logró su objetivo: publicidad gratis y mostrar la realidad de la masculinidad tóxica. Y parece que el boicot no sirvió de nada.

Al hombre blanco heterosexual le ofende. ¿No que eran los ‘progres’ los que se ofenden?

Los hombres hemos pasado de siempre por una serie de constructos que sostienen que la masculinidad es algo que se mide y que hay cosas que supuestamente nos hacen más o menos “hombres”. Partamos por olvidarnos de la idea de que si se rompe la masculinidad o no, así como por no burlarnos de alguien porque tiene una “masculinidad frágil”, siendo que caemos en lo mismo.

Nos han enseñado que los hombres debemos amar a las mujeres (y sólo a las mujeres) y también nos enseñaron que tenemos roles distintos entre nosotros. Roles de género. Que las peleas entre hombres son algo “normal” y que lejos de ayudar, alientan. O que los padres que tengan hijos, tengan diferentes tratos diferente del sexo. Y que un hombre encuentre guapo a otro o que hable más agudo es señal de que es “gay” o “maricón” (y encima usan el término como insulto, sobretodo teniendo en cuenta que su origen es misógino). ¿Ven que el machismo también nos afecta a nosotros? Para qué hablar de términos como “mangina” que ocupan cada vez que defendemos a una mujer y nos ponemos pro-feministas. ¿De verdad hay que tomar en serio esos argumentos, para empezar?

Al fin y al cabo, Gillette ganó. Y ahí se vieron qué clases de hombres estamos formando. Y la verdad, a pesar de todo, creen en nosotros.

Jorgicio

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