Humor en Viña, el Revanchismo y la Decadencia

AVISO: Este artículo contiene opiniones impopulares y no tan impopulares. Si usted pertenece a alguno de los grupos que habré mencionado acá (como las feministas) y siente que esto le va a molestar, le invito a circular y buscar otra cosa por acá (de hecho, no tengo nada contra las feministas y, técnicamente, me considero aliado). Si viene a debatir, que sea con argumentos sólidos dentro del marco del respeto. Si no puede, váyase.

Se agradece de antemano. No diga que no avisé.

Holi, ¿nos recuerdas?

Hola a todos. Primero que todo, espero que hayan tenido una Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo, que se colme de bendiciones en sus hogares y blablabla. Sí, he tenido un tanto abandonado este blog entre muchas cosas que han pasado por acá (aparte de memoria y vacaciones, obvio, el cerebro también tiene derecho a descansar, así como otras yerbas). Esperaba empezar el año con un post más acorde al tema o a comentar a algún tema del momento (como de Nicanor Parra a propósito de su muerte), pero he comentado puras cosas puntuales que no requieren mayor análisis (por eso he estado un tanto más activo en Twitter que acá), pero no puedo creer que tenga que dedicar un post a lo que comentaré a continuación. En serio, hay gente que no entiende nada cuando se critica a tal o tal persona. Así que como dijo el dermatólogo: ¡al grano!

Intentaré ser breve. El Festival de Viña es un fail desde hace mucho tiempo atrás, y eso ya es un axioma que no resiste análisis. Y para qué entrar en detalles respecto al tema del humor.

Las rutinas son malas y predecibles y los humoristas actualmente no saben innovar. Ya vimos casos puntuales como Meruane, Mandel, Ruminot, Valdebenito, etc. Y este año: Jenny Cavallo y, me duele decirlo, Bombo Fica. Y no sólo pasa en Viña: ya vimos el caso de Alvarito Salas y su arte de reciclar chistes de hace décadas.

Lo de Cavallo y lo de la Valdebenito son la gota que derramó el vaso y por ello me veo en la penosa necesidad de escribir de ello (no quería hacerlo para no darles tribuna, pero las circunstancias me obligaron). Y el problema no es tanto ellas sino más bien su séquito de fans que se abanderan de ello.

Vi las dos rutinas (aunque me llamó más la atención la de la Valdebenito), y la verdad, no duré mucho tiempo viéndolas.

También estoy consciente de que desde hace décadas, se ha hecho humor en contra de la mujer. Y no lo niego: me parecía gracioso al principio. Luego me empezó a aburrir porque siempre era lo mismo y puta que lata, poh. Y no lo neguemos: más de alguno nos hemos reído de ello, simplemente porque lo disfrutamos en su momento (quien lo niega, queda de mentiroso). Pero hilando un poco más fino, he notado que definitivamente el humor de antes tenía de todo. Hay chistes que son tolerables y otros que rayan en el prejuicio. Desde machismo y misoginia, hasta LGBT-fobia.

Ahora bien: un chiste es gracioso mientras la otra persona se ría de y con ello. Desde que uno se ofende (con justa razón, porque algunos se pasan a la hora de tirar “tallas”, mientras que otros simplemente se quejan demasiado), deja de ser gracioso. Es como hacer humor negro, riéndome del que no tiene piernas pero luego me pongo a pensar en que mientras hay personas minusválidas que se ríen de sí mismo, a otras no les parece gracioso. Y me pongo en el lugar de ese último grupo.

¿A qué viene esto? Chistes sobre las suegras y sobre la guerra de los sexos (chistes anti-hombres y anti-mujeres) los ha habido desde hace eones. Como el comparar a la suegra con una víbora o el de mandar a la mujer a la cocina. (Me acordé del libro “Humor Prohibido” de Checho Hirane, ahí pueden encontrar más ejemplos de los que les digo). Ahora bien, ¿está mal hacer esos chistes? Sí, estoy de acuerdo en que está mal, y por mí nunca hubieran existido. Y ahora desde hace algún tiempo, vienen haciendo algo a la inversa. Como la rutina de la Valdebenito en Viña 2016. O la gente que festina con el “humor” de la Jenny Cavallo anoche, que ni siquiera era humor feminista pero hay gente que lo interpreta como tal.

Ahora bien: estas minas son fomes. Derechamente son fomes. Hay que decirlo. O al menos yo (y mucha gente que conozco) las encuentra fomes. ¿Hay gente que disfruta de ello? Sí, no lo niego, ni los juzgo por eso. Ahora bien, ¿qué pasó? Mientras que hay gente que malentiende diciendo que la Cavallo “ataca a los hombres”, y si bien hizo chistes sobre ellos, no son graciosos. Pero eso tampoco es sinónimo de “tener la masculinidad frágil” (aunque en algunos casos sea así, yo al menos no estoy en ese grupo), ni mucho menos para tomarlo como sinónimo de revanchismo, con comentarios para el bronce del tipo “los hombres se burlan de las mujeres desde hace tiempo, ¡hagamos lo mismo!”. El que se ofende, pierde. Y otros, con el clásico argumento del “feminazi” o del “hembrismo”, haciendo mal uso del término fuera del contexto donde debe ir. ¿Desde cuándo el feminismo (y todos esos movimientos igualitarios) se convirtió en una guerra para ver quién es el más beneficiado o el más perjudicado?

«Mi género es el más oprimido»
«No, mi género es el más oprimido y la luna y el sol»

Muy mal argumento el del revanchismo. Al final, acabamos en una eterna pelea para ver quién es el más oprimido en lugar de hacer algo por ello, educar las generaciones actuales y futuras para precisamente evitar que se perpetúen anti-valores como el sexismo (machismo y hembrismo por igual), las violencias, las violaciones, los abusos, y un largo etc. Mientras unos se pelean por eso, los crímenes de violencia de género son pan de cada día, así como los acosos laborales y en las calles. ¿Es bueno poner ejemplos para concientizar sobre el respeto entre las personas? Sí. Pero no está bien usarlo de bandera para fomentar una guerra de sexos y géneros, como normalmente se ve en las RRSS por parte de cierto sector de “feministas” (nótese las comillas), así como las radfems.

Ahora bien, otra cosa, y a esto quería apuntar desde un principio: no, no somos machistas por criticar a las humoristas que “hablan mal de los hombres/mujeres”. Que algunos lo sean, es otra cosa, siendo que es parte de su esencia (lo que no implica necesariamente que esté bien). Pero no, criticar a Valdebenito, a Cavallo y a otras personas que hacen esa clase de humor, NO me convierte en machista. Estos humoristas son fomes. Punto. No importa el sexo o el género: si un humorista me parece fome y hable del tema que hable, lo digo y ya. Pero tampoco me voy a quedar pegado en eso ni tomármelo demasiado en serio. Y por supuesto: un humor que hable mal de un sector perjudicado de personas NO es gracioso.

Aparte, Cavallo no tiene carisma. Valdebenito tampoco. Para qué hablar de tantos otros humoristas que han pasado por diversos escenarios. Óscar Gangas, Dino Gordillo, etc. Hay humoristas para todos los gustos. Y no los juzgaré por encontrarlos graciosos tampoco.

El humor en los festivales es un tanto decadente. Son pocos los humoristas que salvan. Por mientras, me conformo con Youtube y las RRSS.

Dejen de buscarle la quinta pata al gato. La vida es demasiado corta como para eso.

Jorgicio

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