Tinder Sorpresa: Cuando el acoso no se viste de género

Pobre diabla llorando por un pobre diablo...
Pobre diabla llorando por un pobre diablo…

Entre mis ratos de ocio dentro del trabajo que estoy haciendo (aparte de la memoria), aparecen joyas como ésta. Y sin duda me llamó la atención porque esta vez, el asunto es al revés de lo que normalmente sucede. Porque estos casos existen, y abundan tanto como a la inversa, sólo que no son tan difundidos como éste.La publicación en cuestión, es ésta:

Luego me tomé el tiempo de leer el artículo completo, y llegué a la conclusión de que a la mina en cuestión se le escaparon los enanitos al bosque.

Les haré un resumen: Eugenia y Luis se conocieron por Tinder. Pasaron 2 semanas de que se iban conociendo, se tenían cierto cariño (o al menos eso dice ella, que él despertó cosas en ella), pero nunca concretaron un encuentro para conocerse más. Hasta que un buen día, ella hizo un comentario desubicado que le molestó (vaya usted a saber qué habrá sido), lo que hizo bloquearla de todas las redes sociales que la tenía, incluyendo su celu. Curioso ya que nunca tuvo ella su Facebook, pero bueh… Tras esto, ella decide buscarlo para pedirle perdón y ver si siguen conociéndose o no.

El problema no va en tanto en el hecho, sino en la forma. No es normal andar pegando panfletos hasta cerca de donde ella cree que vive, con el sólo fin de buscarlo.

Elmo sabe dónde vives...
Elmo sabe dónde vives…

Tengo que decir muchas cosas sobre la situación. Partamos con que eso ya, de hecho, es acoso. Como el tipo en cuestión sigue sin dejar rastro, es probable que esté un poco más tranquilo, por lo que, de momento, no está pasando a mayores. Él perfectamente podría constatar una denuncia por hostigamiento.

Aparte, a la chica le falta dignidad. No soy muy partidario de eliminar/bloquear gente sin previo aviso (a menos de que haya pasado muchísimo tiempo sin alguna interacción; aparte, si algo no me interesa, simplemente no lo agrego Aparte, encuentro aweoná pendeja esa actitud de borrar gente sin alguna razón aparente o si no hizo nada malo). Sin embargo, hay casos en que lo amerita, y lo que Luis hizo, es justificable. Eugenia, supéralo.

A la chica le da demasiada importancia algo que sólo pasó en una red social y por poco tiempo. Tal vez, si hubo algo más, se entiende que uno se haga problema por eso (me ha pasado), pero debería superarlo. Más aún siendo porque fue ella la que la cagó tenía la culpa.

Volviendo al tema de los papelógrafos, aprovechando la instancia en que ella trató de indagar dónde vivía la persona en cuestión, me recuerda a una mina que le gusté en el 2009, que sabía dónde vivo y se paraba pasivamente fuera de mi casa como un par de veces. Un poco perturbador. En el caso de personas así (que no se diferencia mucho en el que es objeto de análisis), habría sido grato si lo hubiera autorizado o hubiera ido con buenas intenciones, para darme una agradable sorpresa. Cosa que en este caso, no pasó.

Respecto al tema del género, si esto se hubiera dado al revés, se habría armado la casa de putas la grande. Las puteadas habrían sido al hombre, sin piedad alguna ni ninguna capacidad de análisis previo. Y de haber denuncia, el hombre habría ido preso en menos de lo que canta un gallo. No lo digo yo, lo digo porque ha pasado antes y lo he visto (y muchos ya lo saben). Si el feminismo (o un feminista DE VERDAD) defiende tanto la igualdad de género, estoy seguro de que estaría de acuerdo conmigo de que una persona como Eugenia, es una lunática.

Ya para acabar, me carga Tinder. No pienso abrir una cuenta ni por si acaso. Aparte que no soy de andar mendigando cariño, amor y sentimientos cuando (sé que) no los hay.

Si quieren leer el artículo entero, con más detalles, acá el link.

Cuídense y pasen una buena lluvia. Coman muchas sopaipillas pasadas y picarones. Y cuiden sus datos a la hora de cyber-conocer a alguien.

Para cerrar, un tema.

¡Abridme, joder!
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Jorgicio

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