Acerca de por qué no pagaría por ir a un concierto

Igual me hubiera gustado ir a un concierto de alguna banda como Die Ärzte.

Siempre he visto que pasan eventos, que el Lollapalooza, que el Metal Fest, que el Maquinaria, o cualquiera de esos artistas que visitan el país, incluyendo los que uno tanto esperaba. Ok, no niego que me gustaría ir a uno (incluso envidio a quienes van a los que yo quisiera ir), pero con una economía como la que tenemos en nuestro país, esto para muchos se nos hace un tanto difícil. De hecho, el último concierto que fui, y que fue de manera masiva, fue para el Halloween del 2007, cuando Soda Stereo vino como parte de su gira “Me verás volver”, más encima, en primera fila. Hermosos recuerdos. En fin…

La cosa es aparentemente sencilla como que los conciertos en Chile, tal vez no sé si sean los más caros de Latinoamérica, pero al menos son más caros que otros países, como Argentina.

Así como Chile tiene uno de los impuestos más altos al libro (19%), Chile también es caro en cuanto a lo que es el tema de conciertos, así como de educación.

Citaré lo que mencionan en este artículo de Terra:

A juicio de Jorge Espinosa, Director de la productora Oceano Arte & Cultura, este hecho responde a varios factores, que van desde las malas prácticas de algunos empresarios hasta la necesidad de vender más caro para recuperar la inversión en caso de menor taquilla.

“Lo que ocurre es que el mercado es muy inestable, por lo cual hay promotores que ponen los valores de las entradas muy alto para que ante una baja asistencia igualmente tengan recaudación”.

Agrega que en países como Argentina existe una fidelidad mayor del público con sus artistas, de tal modo que el empresario corre menos riesgo al apostar a una masa crítica de asistencia a su favor.

“En Chile es tan aleatoria la asistencia, que el empresario debe apostar a que con un bajo número de espectadores debe tener una buena recaudación”.

Además: igual duele al bolsillo pagar por un concierto de, aproximadamente, hora y media (promedio), además de que siempre los lugares baratos son los que menos se ven (lo cual es un tanto obvio), y aparte de achocolonarse entre tanta gente (aunque ese tema no me molesta tanto). Entonces sólo quedarían 2 recuerdos de eventos como ése: la entrada y, por supuesto, la memoria de lo visto en ese escenario.

En resumidas cuentas, si me ganara una entrada, o no fueran tan caros los conciertos, quizás podría pagar por ir a uno. Además, algunos incluso me topan con épocas de certámenes, tareas y esas volás. Aparte de que siempre son en Santiago, lo que significa el tremendo pique desde acá. (Del alojamiento, no me preocupo mucho 😉 )

En fin, juzguen ustedes, comenten, y volás de ese estilo. Yo prefiero priorizar mis gastos en cosas más importantes y/o que satisfagan necesidades básica y/o que sea algo duradero, no efímero.

Jorgicio

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